Marruecos 

Primer viaje a Marruecos.- (Año 2000)

Ya ha llovido desde aquel mes de enero del año 2000 cuando la empresa de transporte para la que trabajaba (Rocha y Rosso SL, hoy desaparecida) me mandó de vacío desde Lugo (Galicia) hasta Santoña (Santander) para cargar anchoas en salmuera envasadas a granel, y procedentes de Argentina, para descargarlas en una elaboradora de Agadir (Marruecos). Esas anchoas se elaboraban aquí en Agadir y se devolvían ya envasadas a los diferentes mercados de Europa. Casi "na" los kilómetros que hacían las anchoas. 

Aquel primer viaje lo hice "de la mano" de  Santi, un compañero de trabajo de Morón de la Frontera (Sevilla) que tenía una dilatada experiencia en el mundo del transporte y también de viajar por Marruecos. Aquel primer viaje duró más de lo normal y estuvimos en el país un total de diez días. Algún problema con los papeles de la mercancía y cosas así hizo que aquel primer viaje se demorara tanto en el tiempo. Después de descargar por fin las anchoas, también tuvimos que esperar algún día que otro para poder cargar, práctica muy común en aquellos tiempos entre todos los chóferes que nos congregábamos en las diferentes estaciones de servicio habilitadas para ello en las inmediaciones de Agadir. 

En Agadir estuvimos un total de ocho días y vaya si le sacamos partido. Para poder disfrutar de una buena jornada de ocio solamente teníamos que esperar cada día a que dieran aproximadamente las doce de la mañana y que el transitario marroquí de nuestra empresa nos llamara para decirnos: …"hoy ya no cargamos" . Esto quería decir que ya teníamos todo el día libre para disponer de él como quisiéramos. Tras la llamada del transitario nos poníamos manos a la obra para ir preparando la comida. Cada uno aportaba lo que tenía, quería o podía y entre todos montábamos un buen banquete en aquella estación de servicio Afriquia (hoy Shell) donde estacionábamos nuestros camiones. Después de comer, los más atrevidos o entusiastas, entre los que siempre me encontraba yo, nos salíamos a la carretera con el objetivo de parar a algún taxis que pasara por allí, normalmente con gente, para que nos llevara hasta Agadir ciudad. 

Uno de estos días, mi compañero Santi dijo de ir al puerto de Agadir a cenar un buen pescado. Es muy típico en Marruecos que antes de la comida te sirvan unos aperitivos, normalmente olivas verdes y negras, el típico pan marroquí y un cuenco pequeño con harissa, que no es otra cosa que una salsa picante y que constituye uno de los ingredientes más comunes en la gastronomía magrebí. Las recetas de esta salsa varían, siendo sus ingredientes más habituales los pimientos rojos picantes, (a menudo ahumados, lo que le proporciona un sabor característico), ajo, frutos del cilantro, alcaravea, y sal, los cuales se muelen y se mezclan con aceite de oliva. En definitiva estamos hablando de una salsa bastante picante que llamó mi atención al verla por primera vez. Le pregunté a Santi que que era esa salsa y me dijo que mojara una sopa de pan porque estaba muy buena. Sin pensármelo dos veces, arranqué un buen pedazo de aquel Khobz (pan marroquí) y lo empapé bien en aquel cuenco. Acto seguido me lo llevé a la boca y segundos después, me quería morir, no sin antes cargarme a mi compañero Santi que se descojonaba de la risa al ver mi cara. ¡Aquello picaba muchísimo!

En días posteriores visitamos el gran Zoco de Agadir, Souk El Had. Evidentemente con los años ha tenido que ir evolucionando y ampliándose pero en el año 2000, estoy seguro de que este Zoco ya era diferente a cualquier Zoco que pudiésemos visitar en el Magreb. En 1960, esta zona de Agadir sufrió un tremendo seísmo y gran parte de la ciudad tuvo que ser nuevamente construida, entre las que se encontraba este Zoco. La distribución de este mercado nos viene a recordar un poco a una ciudad lineal, calles paralelas y perpendiculares, perfectamente organizadas por gremios siguiendo así con una costumbre muy introducida en el pensamiento marroquí. Sé lo que quiero y voy al sitio donde puedo encontrarlo sin necesidad de tener que marearme por todo el Zoco. En cada uno de sus puestos el colorido es inmenso, y mucho más en los puestos donde se venden toda clase de especias, hierbas aromáticas, infusiones, etc. El olor del Zoco en general es una mezcla de tantos y tantos agradables matices que perduran en tu nariz incluso después de abandonarlo. Las tiendas de artesanía son impresionantes. Cientos y cientos de productos bereberes a cual más bonito y peculiar. Y por supuesto no podía faltar un espacio dedicado a la venta de ropa, con sus más bellos caftanes (prenda femenina). Y lo mejor de todo es que cualquier producto lo puedes adquirir a un precio mucho más bajo de lo que imaginas, eso sí, después del recomendado y obligado regateo al que los marroquíes están tan acostumbrados. Podríamos decir que esta práctica es el deporte nacional por excelencia en el comercio magrebí.